domingo, 10 de agosto de 2014

Tormenta roja



El piano es lo único que sigue perdurando dentro de mí, eso que consigue hacerme sentir la emoción aunque no consiga entenderlo, ya no consigo sacarla.  Tengo la cabeza embotada de sentimientos que ya no se sacar. 

Todo lo indicaba, apuntaba a ello. ¿Desde cuando me he querido volver tan ignorante a las señales? Estúpida, necia… El cielo lo pintaba, y tú me interrumpiste para que lo viera: una tormenta roja que acechaba por el horizonte. Tan bella y tan perturbarte, algo nuevo que nunca había visto, algo terrible que nunca había sentido. Eso fuiste.
Recuerdo mi pecho desgarrarse, como una sábana, fina y seca emitiendo un sonido espeluznante, de esos que se te eriza la piel al escucharlo. Y así es, aunque se cosa la brecha de la tela, siempre quedará la cicatriz, como las del costado izquierdo, otra más para la colección.
Las noches son vacíos de estrellas que reflejan recuerdos y me rocían con pimienta la mirada. En cambio el día es más dócil, el cielo es un lienzo para mi mente donde se muere por estrenar pero algo retiene la mano. ¿será miedo? El pánico al blanco. La cabeza  va por libre y me rompe la serenidad, piensa y piensa y piensa y basta!
Y aunque sean las caídas las que doman este tiempo, los aciertos que vendrán compensan todo lo demás, y entonces brillará de nuevo, brillará como nunca. Lo hará con más esplendor de lo que lo hizo esa sonrisa de luna jamás.  
Pero es ahora ese reflejo en el cielo iluminando la noche que me recuerda con fuerza que sigo aquí, y seguiré por el resto de mis días. Quisiera volver a entenderme. 

Hola. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario