Una cálida fotografía que retrataba
un momento en nuestras vidas, el reflejo de una relación que
acabaría por arder, igual que el sol que ese día se ponía a
nuestras espaldas. Un simple roce, un gesto delicado que nos unía,
dos figuras estáticas, llenas de cariño desimantado y lo más
doloroso; cómo esas miradas opuestas, cabizbajas, apuntando a
direcciones tan distintas que tardaría tiempo en reconocer cómo
hablaba de por sí esa triste imagen.
Débil, muy débil. Ni con el vigor
suficiente de poder apuntar al suelo con solidez con esa mirada tan
arrastrada. Tú, mi debilidad. Y el contrario, tan firme, con esa
fuerte presencia que no hacía más que ocultar lo más delicado que
había en esa existencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario