
Hoy es un día frío, me decía mi sombra clavada, al igual que mis pies, en el barro mojado y esponjoso del valle.
-Sí, -se lo afirmé con el rostro indiferente.- Hoy habrá tormenta.
-Otra vez…-Contestó.
Mi mirada se perdió en esas nubes tan negras que se acercaban sin ningún tipo de contemplación. Cada vez se escuchaban mas fuertes sus gritos. Unos aullidos terribles, incluso podía percibir como la tierra, bajo mis pies, temblaba al escucharlos. Mi mente comenzaba a perderse, observando y analizando los rallos y chispazos que despendía esa tormenta que en poco caería aquí, como una cortina.
Los rallos…
-Oye – sonó su voz interrumpiendo mis pensamientos.- Tienes miedo?
Tardé en contestar. No por desconocer la respuesta, solo seguía contemplando ese espesor negro..
-Hoy no.

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