
No estoy dormida, no estaba dormida.
Era una de las pocas cosas que podía asegurar con certeza.
Pero así era, realmente estaba vagabundeando por el interior de mi mente. Tan voluble de golpe. Repleta de rincones mortecinos, otros cálidos y bien vivos. Pensé si hoy sería otro de esos días en los que no se a donde voy, ya que, caminaba por ese lugar, mi viejo cobijo, sin rumbo alguno, como si no lo conociera, arrastrada por una especie de inercia detestable.
Al rato, largo, me paré. Encontré una perta situada al final del extendido pasadizo de una de las zonas temperadas de mi sesera. Era una puertita, recubierta de un granate oscuro, y una fina capa de barniz. Otra cosa de la que estaba casi segura, era que esa puerta no conduciría a ninguna salida. Pero, a algún lugar bien debería de conducir, ¿no?. La puerta bisibeaba cosas ininteligibles. Al ver que le prestaba atención comenzó a aumentar más el ruido de ese bullicio. Me senté en el suelo, así la tendría mas a cara. Pensaba esperar hasta que se calmase. Mas, tampoco tenía nada mejor que hacer.
Exactamente no se cuanto tiempo llegué a pasar sentada, delante de la puertita. Igual segundos, minutos como horas. Quien sabe. En ese momento, debía admitir que mi paciencia ya se estaba acabando. Entonces, lentamente, acerqué el rostro a la maderita recubierta de granate dispuesta a formular mi inquietante pregunta.
- Disculpa, qué ocultas detrás de tu pincelada capa de barniz?- Intenté sonar lo más correcta posible. Por lo que yo me pude escuchar, me pareció aceptable. No se me da tan mal a veces, no?
Pero la puerta no respondió. No me respondió. Había estado armando un jaleo incomprensible todo el rato, y cuando yo le formulo mi gran duda, ¿ No me responde?!. Y no fue muy difícil adivinar mi propia reacción a eso. Me indigné con la puertita.
Pasé otro largo rato en silencio. Largo, y ahora, incómodo. Hasta que decidí el siguiente movimiento de ficha: Alargué un poco el brazo y me decidí a darle un par de golpecitos con los nudillos. Suaves, no fuera que se ofendiera ahora ella. Toc, toc. No estuvo mal, diría que controlé la fueza. Pero la puerta actuó de forma inerte.
Mi poca paciencia y curiosidad se compincharon, dando paso a Don enfado, que actúa siempre a su parecer. Di un respingo y dirigí los nudillos, esta vez con más impulso hacia el trozo de madera barnizada. Pero esta comenzó a berrear antes de que pudiera llegar a rozarla.
- De acuerdo, de acuerdo. No es necesario ponerse de esa forma- Dijo con una voz aguda y un poco desentonada. (No me había imaginado que tuviera esa voz la puertita. Pero, a caso tienen voz las puertas?) Se me volvía a olvidar dejar de usar la lógica en estos mares tan cerebrales.- Deberías controlar un poco más a Malhumor, siempre quiere decidir por el mismo.
Ese último comentario me sorprendió. Pero, como era de suponer, Malhumor comenzó a quejarse desde dentro y acabé por ignorar tanto sus quejas como el comentario.
Ahora, mas decidida y esperanzada, me volví a dirigir a la puertita, con intención que respondiera mi pregunta.
- Y dime, puertita, qué hay tras tus capas de madera?- Mi voz sonó algo cantarina al formular la pregunta, y muy curiosa.
La puerta soltó una risita, con un ligero tono de superioridad, como si hablase por muy arriba de los hombros (lógicamente, no tenía, pero decidí no aplicarle más lógica al asunto). Ansiosa, me llené aún mas de curiosidad, y, sin apartar la vista de picaporte y de la cerradura que se situaba bajo este, de una variedad de tonos dorados y relucientes. Esperé un rato a su respuesta pero se formuló un silencio.
- Y bien?
- Pues…- siguió su voz fuera de tono. Dejó unos segundos en blanco y prosiguió.- No lo sé.
Se hicieron otros largos e intensos segundos en blanco.
Fantástico! Había estado todo el rato intentando comunicarme con una puerta que no era capaz de responderme a una pregunta que, a mi parecer, era fácil de responder, ( por lo menos en su caso, siendo puerta, bien debería de saber qué ocultaba). La puerta siguió indiferente a la asombrada expresión que se formó en mi rostro.
Era incompresible! E indignante. Por unos segundos tuve en cuenta el comentario anterior de la puerta sobre Malhumor, pero lo ignoré y deje que este hiciera.
Me levanté. Coloqué la vestimenta que se había movido por la postura de reposo. Y con un soplido de aire no muy simpático coloqué las manos en la cintura y me incliné hacia la puerta ( Claramente era más alta que esta puertita tan miniatura), pudiendo otearla de esta forma mejor. Y mostrarle mi enfado y la desilusión que me había dado. Le lancé una miradita de pocos amigos, con el ceño bien fruncido. Pero ella se mostró bien indiferente.
Decididamente, me di la vuelta, me coloqué recta y me decidí a marcharme de allí. Ya había perdido bastante tiempo con semejante madera. Aunque, realmente el tiempo no importaba absolutamente nada en ese lugar. Incluso quizá ni llegara a pasar. Doblé la rodilla y apoyé ruidosamente el pie en ese suelo marmoleo blanco y negro, o quizá incluso tenía matices rojos. Pero su voz aguda interrumpió mi paso.
- Solamente quien tiene su propia llave puede descubrir realmente qué hay dentro.- Finalizó desentonando algunas palabras, y dejando desvanecer la voz a mesura que acababa.
Pero la ignoré, otra vez más. Y seguí en dirección contraria. Indignada, enfadada y dominada por la agria actitud de Malhumor. Me marché, paso a paso, seguido y sin pausa. Tampoco tuve más curiosidad por mirar atrás, por ver si la puertita se había abierto. Seguro que no lo había hecho. Solo escuché desvanecer el sonido de mis pasos, que rebotaban contra la madera, a mis espaldas, haciendo un curioso eco, que en una pequeña parte me impregnaba de una extraña y luctuosa sensación. Pero para cuando cuándo me había dado cuenta, ya volvía a pasear por los parajes y laberintos mentales tan oscuros que ofrecía mi mente. Espero encontrar una velita, por lo menos…
Era una de las pocas cosas que podía asegurar con certeza.
Pero así era, realmente estaba vagabundeando por el interior de mi mente. Tan voluble de golpe. Repleta de rincones mortecinos, otros cálidos y bien vivos. Pensé si hoy sería otro de esos días en los que no se a donde voy, ya que, caminaba por ese lugar, mi viejo cobijo, sin rumbo alguno, como si no lo conociera, arrastrada por una especie de inercia detestable.
Al rato, largo, me paré. Encontré una perta situada al final del extendido pasadizo de una de las zonas temperadas de mi sesera. Era una puertita, recubierta de un granate oscuro, y una fina capa de barniz. Otra cosa de la que estaba casi segura, era que esa puerta no conduciría a ninguna salida. Pero, a algún lugar bien debería de conducir, ¿no?. La puerta bisibeaba cosas ininteligibles. Al ver que le prestaba atención comenzó a aumentar más el ruido de ese bullicio. Me senté en el suelo, así la tendría mas a cara. Pensaba esperar hasta que se calmase. Mas, tampoco tenía nada mejor que hacer.
Exactamente no se cuanto tiempo llegué a pasar sentada, delante de la puertita. Igual segundos, minutos como horas. Quien sabe. En ese momento, debía admitir que mi paciencia ya se estaba acabando. Entonces, lentamente, acerqué el rostro a la maderita recubierta de granate dispuesta a formular mi inquietante pregunta.
- Disculpa, qué ocultas detrás de tu pincelada capa de barniz?- Intenté sonar lo más correcta posible. Por lo que yo me pude escuchar, me pareció aceptable. No se me da tan mal a veces, no?
Pero la puerta no respondió. No me respondió. Había estado armando un jaleo incomprensible todo el rato, y cuando yo le formulo mi gran duda, ¿ No me responde?!. Y no fue muy difícil adivinar mi propia reacción a eso. Me indigné con la puertita.
Pasé otro largo rato en silencio. Largo, y ahora, incómodo. Hasta que decidí el siguiente movimiento de ficha: Alargué un poco el brazo y me decidí a darle un par de golpecitos con los nudillos. Suaves, no fuera que se ofendiera ahora ella. Toc, toc. No estuvo mal, diría que controlé la fueza. Pero la puerta actuó de forma inerte.
Mi poca paciencia y curiosidad se compincharon, dando paso a Don enfado, que actúa siempre a su parecer. Di un respingo y dirigí los nudillos, esta vez con más impulso hacia el trozo de madera barnizada. Pero esta comenzó a berrear antes de que pudiera llegar a rozarla.
- De acuerdo, de acuerdo. No es necesario ponerse de esa forma- Dijo con una voz aguda y un poco desentonada. (No me había imaginado que tuviera esa voz la puertita. Pero, a caso tienen voz las puertas?) Se me volvía a olvidar dejar de usar la lógica en estos mares tan cerebrales.- Deberías controlar un poco más a Malhumor, siempre quiere decidir por el mismo.
Ese último comentario me sorprendió. Pero, como era de suponer, Malhumor comenzó a quejarse desde dentro y acabé por ignorar tanto sus quejas como el comentario.
Ahora, mas decidida y esperanzada, me volví a dirigir a la puertita, con intención que respondiera mi pregunta.
- Y dime, puertita, qué hay tras tus capas de madera?- Mi voz sonó algo cantarina al formular la pregunta, y muy curiosa.
La puerta soltó una risita, con un ligero tono de superioridad, como si hablase por muy arriba de los hombros (lógicamente, no tenía, pero decidí no aplicarle más lógica al asunto). Ansiosa, me llené aún mas de curiosidad, y, sin apartar la vista de picaporte y de la cerradura que se situaba bajo este, de una variedad de tonos dorados y relucientes. Esperé un rato a su respuesta pero se formuló un silencio.
- Y bien?
- Pues…- siguió su voz fuera de tono. Dejó unos segundos en blanco y prosiguió.- No lo sé.
Se hicieron otros largos e intensos segundos en blanco.
Fantástico! Había estado todo el rato intentando comunicarme con una puerta que no era capaz de responderme a una pregunta que, a mi parecer, era fácil de responder, ( por lo menos en su caso, siendo puerta, bien debería de saber qué ocultaba). La puerta siguió indiferente a la asombrada expresión que se formó en mi rostro.
Era incompresible! E indignante. Por unos segundos tuve en cuenta el comentario anterior de la puerta sobre Malhumor, pero lo ignoré y deje que este hiciera.
Me levanté. Coloqué la vestimenta que se había movido por la postura de reposo. Y con un soplido de aire no muy simpático coloqué las manos en la cintura y me incliné hacia la puerta ( Claramente era más alta que esta puertita tan miniatura), pudiendo otearla de esta forma mejor. Y mostrarle mi enfado y la desilusión que me había dado. Le lancé una miradita de pocos amigos, con el ceño bien fruncido. Pero ella se mostró bien indiferente.
Decididamente, me di la vuelta, me coloqué recta y me decidí a marcharme de allí. Ya había perdido bastante tiempo con semejante madera. Aunque, realmente el tiempo no importaba absolutamente nada en ese lugar. Incluso quizá ni llegara a pasar. Doblé la rodilla y apoyé ruidosamente el pie en ese suelo marmoleo blanco y negro, o quizá incluso tenía matices rojos. Pero su voz aguda interrumpió mi paso.
- Solamente quien tiene su propia llave puede descubrir realmente qué hay dentro.- Finalizó desentonando algunas palabras, y dejando desvanecer la voz a mesura que acababa.
Pero la ignoré, otra vez más. Y seguí en dirección contraria. Indignada, enfadada y dominada por la agria actitud de Malhumor. Me marché, paso a paso, seguido y sin pausa. Tampoco tuve más curiosidad por mirar atrás, por ver si la puertita se había abierto. Seguro que no lo había hecho. Solo escuché desvanecer el sonido de mis pasos, que rebotaban contra la madera, a mis espaldas, haciendo un curioso eco, que en una pequeña parte me impregnaba de una extraña y luctuosa sensación. Pero para cuando cuándo me había dado cuenta, ya volvía a pasear por los parajes y laberintos mentales tan oscuros que ofrecía mi mente. Espero encontrar una velita, por lo menos…

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