viernes, 19 de septiembre de 2014

Moonflower



Moratones, cicatrices y heridas. Un cuerpo como una carta desgastada. Cada milímetro está estudiado, cada poro, cada raíz y cada volumen,  y mis manos, con el afán celoso  de no poder cortarlo todo a pedazos para resurgir siendo un reflejo más ameno.  El espejo me odia.


Me estaré haciendo una adepta. Últimamente pierdo la cuenta de los minutos que paso arrodillada, rezándole desde mi garganta al agua sucia con mis vísceras flotando  y con el halo de cerámica iluminando un sueño.  Y así, con alguna triste canción resonando de fondo desde otra habitación, mientras mi mente divaga pensando en la flor que soy.


Una flor de Luna con los pétalos manchados. Aun así, aun viéndome reflejada con los ojos color carmesí cristalinos y escupiendo sangre, me consuelo cantándome, susurrando que ésta flor de Luna brilla en la oscuridad, aunque nadie la vea, que es diferente y algún día sus pétalos volverán a relumbrar ante el espejo.


Pero por el momento, sigo arrodillada, rezando, expiando mis ansiedades y observando las heridas de mi fina y pálida piel…